Un mundo de juegos

Vivimos en una sociedad sedentaria, en la que cada vez más niños dejan de salir a los parques y las calles para jugar. Es la misma sociedad que, culturalmente, está perdiendo la tradición de heredar los juegos populares de abuelos a nietos. Los intereses cambian, evolucionan y se modifican en función del momento social que vive el colectivo de personas que conformamos la sociedad. Y hoy en día, a los niños y niñas les interesan mucho las nuevas tecnologías y no tanto ir al parque, a la montaña o disfrutar de un espacio natural. Y no es que las nuevas tecnologías sean una mala influencia para ellos, pero cuando se encuentran en una fase de crecimiento, es preferible, para un desarrollo integral, que estén vinculados al movimiento y a la práctica de actividad física. No me imagino a los personajes de los libros de Jules Verne más entretenidos con la tecnología que viviendo las numerosas aventuras que aparecen en sus libros.
Podemos delimitar el concepto de juegos populares como aquellos juegos infantiles clásicos que no necesitan de la ayuda de la tecnología y que se transmiten de generación en generación. Tienen un valor cultural y educativo muy grande. Son representativos de las formas de vida de las gentes que los practican y pueden ser específicos de un país, una región o un pueblo. El material que se emplea para jugar es de fabricación casera o bien objetos cotidianos que antiguamente se tenían por casa. Se trata de un tipo de juego anterior a la revolución informática, en el que los niños y niñas salían a las calles a compartir esos materiales con los que creaban mundos imaginarios llenos de alegría, a diferencia de la actualidad, en la que los niños y niñas tienen tantos estímulos que no tienen la paciencia de disfrutar del juego. El objetivo principal de estos juegos es la interacción social, tan difícil en la sociedad pandémica en la que vivimos hoy en día. Individualmente, el niño busca disfrutar y evadirse de la realidad hacia un espacio simbólico. Colectivamente, el objetivo es el placer de relacionarse con sus iguales y sentirse aceptado tal como es. Por todo esto, jugar a estos juegos puede ser un punto de unión entre el pasado, el presente y el futuro de nuestros mayores y los más pequeños.
Y desde aquí queremos proponer una serie de juegos populares para que tanto niños como adultos puedan practicarlos en su tiempo de ocio.
Birlas (bolos): la zona de juego se llama «carrer» (calle) y tendrá un mínimo de 2 metros. Se colocan 6 birlas en total, 3 delante y 3 detrás. El objetivo es dejar una birla en pie; cada jugador tendrá hasta tres lanzamientos para conseguirlo. Cuando termina la ronda de una persona o equipo, se cambian los turnos: quien lanzaba pasa a colocar las birlas, y quien las colocaba pasa a tirar. El objeto que se lanza se llama «motxo».
Canicas: vamos a explicar la modalidad del «Gua»: se hace un hoyo en el suelo, en el que hay que meter la canica propia para después intentar «matar» las de los compañeros de juego. Después de hacer el hoyo, a una distancia pactada, se traza la raya de salida. Para establecer el orden de juego, hay que tirar desde detrás del hoyo hacia la raya, sin pasarse. En el primer lanzamiento, cada persona intenta meter la canica dentro del hoyo. Si lo consigue, puede matar otras canicas que todavía no hayan entrado en el hoyo. Así van tirando todos hasta que no quedan canicas en juego. Gana la partida quien más canicas haya matado.
Canut (bote): se coloca el canuto dentro de un círculo de unos 25-30 centímetros de diámetro. A una distancia pactada se establece la raya de lanzamiento. Encima del canuto se ponen 3 chapas. El objetivo del juego es golpear el canuto y sacarlo fuera del círculo, dejando las chapas dentro. Por cada chapa que quede dentro del círculo se gana un punto. Para conseguirlo, cada persona dispone de 2 tacos o tejos.
Lanzamiento al siete y medio: el objetivo del juego es conseguir, en un máximo de 3 lanzamientos, una puntuación de siete y medio, o lo más aproximada posible. Para jugar se pinta un cuadro en el suelo o se usa un cartón ya preparado. El cuadro se divide en cuatro cuadrados y un rombo central. Las puntuaciones serán las siguientes: mirando el cuadro, abajo a la izquierda vale un punto, abajo a la derecha dos, arriba a la izquierda tres puntos, arriba a la derecha cuatro y el centro vale siete y medio. Gana la mano quien más puntuación sume. Se jugarán tantas manos como se pacte.
Chapas: vamos a exponer la modalidad de circuito de chapas. Para jugar, hay que dibujar en el suelo un circuito con un carril por el que avanzar las chapas. Una vez dibujado, se establece un turno de juego, y se golpea la chapa con la uña intentando que no se salga del carril. Si eso ocurre, hay que volver a empezar desde el principio. Gana quien primero llega a la meta.
Lanzamiento de bola a brazo: este es un juego que ya se practicaba en la antigua Roma. Se trata de un juego muy sencillo en el que el objetivo es lanzar una pelota con la mano (el brazo) lo más lejos posible.
Peonza (trompa): vamos a explicar la modalidad de peonza a tiempo. Se dibuja un círculo en el suelo, en el que la peonza deberá bailar al tocar el suelo. El objetivo es que nuestra peonza baile más tiempo que las de los demás.
Caixó (caja de naranjas): las primeras referencias que se tienen de este juego son de los inicios de la comercialización de la naranja, pues su utensilio de juego era la caja de madera que se usaba para transportarlas. Para jugar, hay que colocar la boca de la caja mirando hacia el lanzador. El objetivo es dejar en la parte de arriba el máximo número de monedas. En cada turno se podrán lanzar hasta tres monedas. Se lanzará desde una distancia pactada y ganará quien más monedas deje encima de la caja.
Si queréis saber algo más sobre las zonas de la Comunidad Valenciana donde se juega a estos u otros juegos populares y tradicionales, o cuál es su origen, podéis consultar la página web de la Federación de Juegos y Deportes Tradicionales de la Comunidad Valenciana: https://www.fjetcv.com/federacion/.