Impacto económico de las Fallas

En 2018 escribí un artículo en el llibret de mi falla titulado 'Fallas, empresas, empresas, Fallas'. En aquel momento, cuando lo propuse a las personas encargadas del llibret, les pareció algo novedoso: relacionar empresas y fallas y hablar de una doble dependencia. Hablaba de que hay empresas que nacen, crecen y sobreviven gracias a las Fallas -todos tenemos en la cabeza cuáles son, porque ahora es un tema muy de actualidad y hemos visto a estas empresas pasarlo muy mal en los últimos años: artistas falleros, pirotécnicos, indumentaristas, orfebres, sederías...-. También hablaba de empresas que, aunque no trabajan en exclusiva para el sector, sí se ven muy afectadas por la celebración de las Fallas, como las empresas de transporte, de espectáculos, de actividades infantiles, floristerías, fotografía, etc.
Pero, además, ha sido muy visible durante la pandemia la afección de las empresas del sector turístico y del comercio, que alcanzan su máxima ocupación y ventas en Fallas, pero que, como la actividad fallera dura todo el año, la no celebración o la reducción de la actividad les afecta durante todo el año.
Hay que recordar que la tasa de ocupación hotelera de 2017 fue del 97%. Un millón de personas estuvieron en Valencia, y esas personas duermen, comen y compran. Las Fallas generan un volumen de riqueza indiscutible para el sector turístico de la Comunitat Valenciana.
Las Fallas son un motor social y cultural, pero también son un motor económico clave. Generan puestos de trabajo directos e indirectos.
Uno de los principales problemas a la hora de abordar el impacto económico que supuso la cancelación de las Fallas de Valencia es que, hasta hoy, todavía no se ha elaborado un informe sobre este tema. De hecho, solo hay un estudio desfasado, del año 2008, realizado por la Interagrupación de Fallas, que lo cifraba en 753 millones de euros.
El citado informe revelaba que la hostelería es la que más recauda durante las Fallas (unos 541 millones de euros), seguida por la publicidad (86 millones), el transporte (31 millones), la lotería (27 millones), la indumentaria (17 millones), los artistas falleros (11 millones) y las orquestas, discomóviles y animación (5 millones). Además, se hablaba de 7.580 ocupaciones directas e indirectas generadas por las Fallas en 2017.
Hablar de las Fallas como industria es un concepto nuevo que ha traído la COVID-19, y creo que es algo positivo, porque ha hecho tomar conciencia de ese impacto económico, de las familias que viven de esta industria.
Así, en este tiempo hemos visto naves llenas de fallas guardadas, artistas falleros sin poder trabajar, sederías cerradas y trabajadores en ERTE en todos los sectores relacionados con la fiesta, y muchos autónomos sin cobrar y desesperados por los pagos pendientes, con cero euros de facturación, mientras los gastos fijos podían con las empresas y consumían los ahorros, además de tener que endeudarse sin tener un horizonte claro.
Y algunos todavía preguntaban por qué había que celebrar las Fallas, porque además de por conservar la ilusión, era necesario para poder mantener a todas esas empresas que durante años han sido y son motor; porque, quizá, si no las hubiéramos celebrado en 2022, muchos de esos profesionales habrían echado el cierre, pero también muchas empresas insignia de la Comunitat Valenciana, tesoros de nuestra historia como son las sederías, habrían desaparecido.
Se cometieron errores por parte de los sectores relacionados con la fiesta, y esos errores son que no estaban organizados como patronales, como lobbies, no estaban unidos. Era muy necesario, y se entendió tarde.
¿Y ahora qué? Es cierto que estamos viviendo un año de normalidad, pero esta crisis debería habernos servido para aprender y tomar conciencia. Porque, aunque ninguna crisis económica ha golpeado tanto a las Fallas como esta crisis originada por la pandemia, sí debemos poder ser sostenibles ante cualquier crisis que venga; debemos hacer reflexiones profundas sobre la esencia de nuestra fiesta y cuidar y proteger a los sectores y empresas que la hacen posible.
En la economía a nivel global cada vez se habla más de sostenibilidad, sostenibilidad en sus tres vertientes, económica, social y medioambiental; los Objetivos de Desarrollo Sostenible deben ser nuestra guía en todos los ámbitos, y las Fallas no pueden quedarse fuera, y mucho menos las empresas relacionadas con las Fallas.
Hablaremos, seguro, de nuevos materiales en los monumentos, de la reutilización y aprovechamiento de tejidos, de atrezo, de reducir los desplazamientos de falleros y falleras o de hacerlos con medios alternativos, del ahorro energético en los casales, de la separación y reducción de residuos, etc. Es cierto que ya hay fallas, como es el caso de Convent Jerusalem, que calculan la huella de carbono que generan sus actividades y la compensan.
Históricamente las Fallas han mostrado su parte más solidaria y social, han ido avanzando con la sociedad; estoy convencida de que nuestras fallas son, y serán, ejemplo de sostenibilidad, y que contribuirán a la educación y concienciación de nuestra infancia y juventud fallera. Ellos y ellas son nuestro futuro.