Volver al blog 5 de marzo de 2020 · Por Javier Fernández i Hernández (musicólogo y fallero)

¿Fallas sin música?

¿Fallas sin música?

Si nos paramos a pensar en cuáles son los factores indispensables de nuestra fiesta, las Fallas, concluiremos que estos son los monumentos, la pólvora, la indumentaria, la poesía y la música. Hay más aspectos en nuestra fiesta, claro está, pero sin alguno de los mencionados, las Fallas no podrían ser Fallas. Tal vez esta afirmación pueda etiquetarse de tradicionalista, pero, ¿qué son las Fallas sino tradición?

Obviamente, las Fallas, como cualquier otra fiesta, se han de adecuar a la sociedad que en cada momento impera, y los cambios que se producen en la fiesta han de ir acompañados de los cambios sociales. Pero eso no ha de significar la pérdida de nuestras tradiciones. Es por eso que los monumentos, la pólvora, la indumentaria, la poesía y la música han de estar siempre presentes en las Fallas, adecuándose a la sociedad presente en cada momento, claro está, pero siempre presentes. Esta evolución la vemos, a lo largo de la historia de las Fallas, en los monumentos, en la pólvora con la incorporación de elementos tecnológicos, en la indumentaria, en la forma de hacer poesía, pero, ¿y en la música? En efecto, en la música también.

Intentemos imaginar unas Fallas sin música. Imposible, ¿verdad? La música llena nuestras calles, nuestros barrios, nuestros pueblos, nuestras ciudades. Seguramente, cuando escuchéis cualquier marcha o pasodoble de los que más se interpretan en las fiestas josefinas, aunque lo escuchéis en el mes de noviembre, vuestra mente y vuestro corazón viajan automáticamente al mes de marzo y os imagináis a vuestra comisión desfilando en la cercavila por vuestro barrio. Eso es un síntoma de que las Fallas no pueden ser Fallas sin música.

Pero pensemos: ¿qué tiene de propio la música en las Fallas? Porque los monumentos falleros está claro que son inconfundibles. Por mucho que se innove, se sabe perfectamente que se trata de una falla. Con la pirotecnia pasa lo mismo. No es igual sentir una mascletà en Fallas que el 2 de mayo en Madrid. La indumentaria también es inconfundible, de la misma manera que los versos que encontramos en nuestros monumentos. Pero la música que se toca en Fallas la podemos escuchar también en cualquier otro desfile de cualquier otra fiesta, o incluso en un concierto de una banda de música, es decir, en la música, a priori, no hay nada propio más allá del pasodoble El Fallero del maestro Serrano. ¿Y cómo es que cuando escuchamos el resto de las marchas y pasodobles más recurrentes en las Fallas en cualquier otro momento, nos retrotraemos enseguida a nuestra fiesta?

Hay varias respuestas para esta pregunta. La más sencilla es porque en las Fallas es donde más se interpretan esas piezas musicales, cuestión por la cual los compositores nos estarán agradecidos a los falleros. Ahora bien, ¿de qué manera ha evolucionado la música en las Fallas? En un principio, las fallas más modestas solían contar con un tabaleter y un dolçainer, que se encargaban de amenizar los desfiles y los actos en que hacía falta ese tipo de música. Las fallas que no eran tan modestas ya contrataban una banda de música, acción a la que poco a poco se fueron sumando más fallas, hasta que, hoy en día, pocas comisiones falleras quedan con tabal y dolçaina. Aunque alguna se puede ver, casi todas contratan una banda de música, o mejor dicho, contrataban una banda de música. Ahora se explicará este cambio de tiempo verbal. En este aspecto se puede hablar de una evolución positiva, ya que el repertorio de una banda de música puede ser más extenso que el que pueda interpretar un tabaleter y un dolçainer.

Las bandas de música aguantaron unos años en las Fallas, pero llegó un momento en que los presupuestos debían adecuarse a la demanda de los propios falleros, y subían para el monumento, para las mascletades, para la fiesta nocturna, pero bajaban para la música, y como hemos dicho, la música es indispensable para las Fallas, así que se optó por contratar un número más reducido de músicos. Es entonces cuando hacen su aparición en nuestra fiesta las xarangues (de ahí el cambio de tiempo verbal que antes comentábamos). Hace años se empiezan a contratar bandas de música, y con el tiempo se pasa a contratar xarangues. En este caso ya se puede hablar, si se quiere, de un caso de involución más que de evolución, ya que en las piezas que se interpretan empiezan a faltar voces instrumentales, el repertorio incluye temas que ya no son los tradicionales, y es ahí donde se produce el cambio de la música en las Fallas acompañando al cambio social, porque a los falleros también les gusta escuchar los temas que están de moda en cada momento. Por tanto, tampoco se puede considerar tal involución. Simplemente es una adecuación a lo que la sociedad demanda. Lo que los falleros hemos de tener claro es no caer nunca en la pérdida de nuestras tradiciones, tanto musicales como de otra índole.

Ahora mismo, el futuro inmediato de las Fallas recae en la gente joven de las comisiones. Son ellos los que se han de concienciar de esto y no caer en aquello que el escritor Joan Fuster ya escribió en el año 1958: «... a la gente joven le interesa menos la cercavila que el baile, y la banda, o ha de asumir las funciones de orquestina, o es sustituida sin más por cuatro pseudo-jazzbandistas y un vocalista... Si un día desaparecen de las fallas los músicos de pueblo y sus pasodobles ingenuos y vibrantes, algo habrán perdido».

Javier Fernández i Hernández
Musicólogo y fallero

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