Camino del Centenario: la llama que no se apaga

El 17 de octubre se inaugura oficialmente nuestro Centenario, y desde hoy quedan poco más de tres meses. No es una cifra cualquiera: son casi cien años de una llama que no se ha apagado ni una sola vez, ni siquiera en los años en los que apagarla habría sido lo más fácil.
Todo empezó en 1927, un año antes de lo que parece si uno solo mira la fecha en un cartel: Antonio Blasco y Francesc Cervantes, vecinos del Puerto, se acercaron a los talleres falleros de Valencia y volvieron con una falla y un bunyol que ardieron por San José delante de sus vecinos. No hizo falta mucho más. El entusiasmo prendió igual que prende la pólvora, y aquel mismo año se plantó, en la calle Poeta Llombart, la primera falla de toda la comarca. Dos años mas tarde la calle Luis Cendoya puso el nombre; el barrio obrero que crecía a la sombra de los Altos Hornos puso las manos.
Que fuéramos los primeros no es un dato de vitrina: es la razón por la que hoy seguimos siendo la comisión decana del Puerto. Los que fundaron la falla no sabían que estaban fundando nada que fuera a durar un siglo; simplemente querían quemar algo bonito y reírse un rato del mundo, que es, en el fondo, para lo que sirven las Fallas. Nueve vecinos levantando ninots a las puertas de la fábrica, sus mujeres cosiendo el vestuario, y la mordacidad de Cervantes poniendo la guasa en los carteles. De ahí venimos.
Cien años después seguimos plantando cada marzo, seguimos discutiendo en las comisiones, seguimos quemando en la Cremà lo que hemos tardado meses en levantar, y lo seguimos haciendo por el mismo motivo de siempre: porque esto, más que una fiesta, es una forma de estar juntos. El Centenario no es solo un aniversario redondo para poner en un cartel; es la excusa perfecta para acordarnos de que esta plaza lleva un siglo entero llenándose de gente cada primavera, y de que ese hilo no se ha roto ni con guerras, ni con censura, ni con crisis, ni con nada.
Así que si el 17 de octubre pasas por la Plaza Luis Cendoya, ya sabes lo que vas a encontrar: la misma comisión de siempre, con caras nuevas y caras de toda la vida, celebrando que la llama sigue viva. Y si eres de los que todavía no se ha animado a formar parte de esto, no hay mejor año que este para hacerlo. El segundo siglo también se escribe entre todos.